Etiquetas

sábado, 22 de octubre de 2016

La busqueda

Vamos con otro de esos borradores que nunca vieron la luz. Este relatito es también uno de los primeros que escribí, diría que el segundo pero no estoy del todo seguro. No es del todo oiginal, ya que a pesar de mi mala memoria, estoy convencido de haberlo retocado un par de años después de escribirlo, pero aún así es de esos textos que nunca publiqué. "Los sabios de otras épocas" "Su voz eterna" y todo lo demás... recuerdo exactamente cómo me sentía en aquel momento, y cuán impactado estaba después de leer El lobo estepario, y concretamente la parte del Teatro Mágico, "La entrada cuesta la razón"...  posiblemente, junto con "Las noches blancas", los dos libros que más me han marcado. A pesar de haber sido revisado en algún momento, sigue conteniendo varios fallos, como alguna repetición que debería ser corregida, errores en la forma de redactar, diálogos muy planos, o conceptos que no quedan todo lo claros que deberían.

La búsqueda


Mi vida había sido la de un mal comediante que, acto tras acto, se esconde tras su disfraz e interpreta el único papel que conoce, anhelando obtener un aplauso al final de su actuación. Todo era artificial y vacío, excepto el fuerte deseo, o tal vez necesidad, de hallar en el mundo algo propio, algo verdadero. Así fue como, entre escena y escena, inicié una búsqueda que habría de llevarme por los mundos de la psicología, la alquimia, la religión, las ciencias puras, la filosofía...  sin hallar en ninguno de ellos nada que me ofreciera lo que buscaba.
Una tarde oscura de invierno, sentí la necesidad de salir a pasear, y cuando caminaba por un parque alejado y solitario, un hombre al que no conocía y que, sin embargo, me resultaba profundamente familiar, me estaba observando. Al darse cuenta de que yo también le miraba, simplemente dijo:
- Acércate.
Su voz era grave y profunda, llena de seguridad, pensé que así debieron de hablar los sabios de otras épocas. Cuando llegué frente a él me sentí cohibido ante su presencia, de tal modo que no me atreví a decir ni una sola palabra. Mirándome a los ojos, como viendo a través de ellos, volvió a hablar:
- Has nacido para sufrir, sólo si aceptas el sufrimiento podrás vivir en paz.
Sin decir ni una sola palabra volví a casa, con la sensación de que ese hombre me conocía mejor que yo mismo, y no tenía la menor duda de que sus palabras eran ciertas. Un sentimiento de dolor se apoderó de mí desde entonces y me acompañó en todo momento. Día tras día fue consumiéndome hasta que ya ni si quiera fui capaz de ponerme la máscara y actuar de cara al público compuesto por mis amigos y mi familia, que hasta ese momento no fueron conscientes de la gran diferencia que había entre mi personaje y yo. Abandoné toda relación y actividad y me entregué por completo al sufrimiento, sintiéndome cada vez mas desgraciado.
Al cabo de unos años, en una de esas tardes oscuras y frías que con tanta fuerza me atraen, volví a encontrarme con el mismo hombre en el mismo lugar. Esta vez me dirigí directamente a él sin esperar su llamada y fui yo el primero en hablar, dije:
- Desde la tarde en que me hablaste, solo he conocido el sufrimiento. Todo mi ser te odia y sin embargo, siento que moriría con gusto si me lo ordenaras. ¿Cómo es posible que me entregue a ti de esta manera, cuando sólo me has ofrecido dolor?
Mirándome de nuevo a los ojos, con su voz eterna, respondió:
- Todo lo que eres, te lo he dado yo. Antes de conocerme no estabas más vivo que la tierra que pisas. Yo te he dado la oportunidad de renacer para que así, de la mano del sufrimiento, des tus primeros pasos, digas tus primeras palabras y te conviertas en un hombre. Y te he dado algo más importante, con la certeza del sufrimiento has obtenido también la intuición de la felicidad. Ahora sabes que es preferible sufrir una eternidad si con ello cabe la posibilidad de ser feliz durante un instante, y sabes también que todo esto es infinitamente mejor que no haber sentido nunca nada.

Por fin encontré lo que buscaba.

2 comentarios:

  1. Me gusta. Es sencillo y tiene fondo. Tal vez le sobre la última frase que se sobreentiende y que resta fuerza a la anterior que es una joya

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias!!! Completamente de acuerdo, en mis inicios tenía la mala costumbre de remarcar demasiado las ideas, lo cual ahora me parece un error en la construcción del texto y casi una falta de respeto hacia los lectores, por no creerles capaces de comprenderlo por sí mismos.

      Eliminar