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jueves, 10 de noviembre de 2016

Acción: Introducción segunda parte

Ya lo tenemos, os lo dejo y después explico un poco:

Un cuarto casi vacío, la ventana entre abierta, y nuestro hombre sentado en la cama, con los codos sobre sus rodillas y las manos sujetando el mentón, iluminado por la oscuridad de otra noche cualquiera. El aire que entra a hurtadillas a través de las cortinas agita las hojas de una libreta que descansa sobre el regazo de su dueño, y las palabras que contiene bailan una danza tan confusa como su significado. Entre sus pliegues, se dejan leer:

Siento el roce de presencias que me mienten,
Junto al golpe de verdades que me engañan;
Miento al viento, y a su risa de demente,
Cuando engaño a las pasiones que me dañan.

La oscuridad llega a su zénit, y entonces comienza a debilitarse. Aparecen las primeras luces de un viejo día, atravesando sin piedad un vacío que les pertenece. Otra noche sin dormir, otro día que nace muerto. Carne y hueso se levantan de la cama, mientras el alma sigue acostada, y la rodilla izquierda está a punto de ceder. “Tengo que comer algo” piensa de forma mecánica, y se dirige a la cocina en busca del sustento que le permita morir más despacio. “Joder, no hay nada, qué desastre.” Ahora debe ponerse algo de ropa decente, salir a la calle, y enfrentarse a las miradas de aquellos extraños ante los que no logró hacerse comprender. Se siente culpable ante ellos, no soporta el contacto de sus ojos huecos. Les odia, y se odia por ello.
-          Buenos días, quería una barra de pan, por favor – Encima es Domingo, el supermercado está cerrado, no le queda más remedio que hablar con alguien. Las palabras, emitidas con voz apagada, agrietan su garganta. Sangra por dentro.
-          ¡Buenos días! – La dependienta de la panadería se gira con gracia en busca de la mercancía reclamada, y nuestro hombre, en un acto reflejo, gobernado por lo ingobernable, enciende sus ojos. Frente a él, de espaldas a la mesa en la que se atiende a los clientes, un espejo instalado por el dueño anterior para asegurarse de que no le robaban mientras se daba la vuelta, le observa de forma severa. Contempla las dos imágenes, ligadas por la necesaria casualidad: Ella tiene una larga melena de un negro intenso y absorbente; él, el pelo corto y casi descolorido. Ella tiene el rostro blanco y brillante, con el reflejo de una luz primigenia; él, marchito y sombrío. Ella es pasión, fuerza, aliento de vida; él, pierde todo con cada latido.
-          ¿Quieres algo más? – Sus ojos le sonríen. Grandes, negros, profundos…
-          Ehh… no, gracias. ¿Cuánto es?
-          70 céntimos. ¿Eres de por aquí? Es la primera vez que te veo – Labios carnosos, voz dulce y suave. Sonríe aguardando la respuesta, y unos pequeños hoyuelos adornan sus mejillas de cristal pulido.
-          Aquí tienes. Sí, pero… no compro mucho pan – “¡Imbécil! Cállate, no digas más tonterías, no sabes hablar. Las palabras te traicionan, siempre lo hacen.” –  Adiós  – “Huye, huye que eso sí sabes hacerlo”
-          ¡Hasta otra! – Mirada confusa, sonrisa de lástima – Qué tipo tan raro – susurra, al quedarse sola en la tienda.


De vuelta a casa siente un nudo en el pecho que asciende hasta la garganta; acelera el paso. Cierra apresuradamente la puerta, tira la barra de pan sobre el suelo del pasillo, y rompe a llorar. No sabe por qué, y no necesita saberlo, solo quiere llorar. Da vueltas por el pasillo, aprieta los puños, y se encara con el espejo del recibidor para enfrentarse a la imagen de su rostro inundado. “Eres fuerte” se dice, y consigue contener las lágrimas durante algunos segundos, pero se abren paso de nuevo. “No te mientas, joder, no te mientas… ese ha sido siempre el problema. Deja de mentirte de una puta vez.”


Bien, empecemos por el principio, que luego si no dicen que estamos locos. He arreglado el problema de estilo, con una solución que aúna imaginación y eficiencia: Dejaré la primera parte tal y como estaba :D. ¿Por qué? Vamos a probar una cosita nueva, la novelita, relato largo, o como lo queráis llamar, constará de tres partes: Pasado, presente, y futuro; cada una de ellas redactada en el tiempo verbal que toca. ¿He aplazado el problema para más adelante, cuando tenga que escribir la parte del futuro? Pues seguramente, pero estamos en España, el país en el que adoramos una palabra que no sabemos deletrear: Procrastinar.
Por otro lado, ya tenemos preparada la introducción de esta segunda parte, que como habéis podido ver, consiste en una exposición del estado de ánimo de nuestro personaje, y un catalizador que le llevará a retomar sus ideas (una mujer, siempre es una mujer). Veremos cómo sigue :).

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