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martes, 15 de noviembre de 2016

Acción: Seguimos con la segunda parte

Después de recuperar a nuestro personaje, presentar su situación actual, y remover un poquito de su interior, teníamos que devolverle a la acción, y aquí os dejo la manera que me ha venido para hacerlo:

Ya es de día otra vez. Un vacío en el pecho saluda su despertar, oprimiéndolo contra las sábanas, e impidiendo que se levante. Vuelve a llorar, y ante la confirmación de su victoria, el vacío se relaja… ya atacará más tarde. “Por lo menos he dormido algo” piensa, mientras se lava la cara. Al terminar, se mira en el espejo, y siente como la ansiedad le recorre de nuevo “Para”, atraviesa el corazón y envuelve su garganta “Para, joder”. Sus ojos agrietados le observan confuso “¿Qué cojones me pasa? Este no soy yo, ¿Dónde estoy? ¿Dónde me he ido?”. El dolor se convierte en rabia, grita en sollozos silenciados, agarra con fuerza el lavabo como si fuera el culpable de todo; “Si ya no existo, tal vez lo mejor sería…” la rabia se reconoce, se asusta de sí misma, y relaja la musculatura “Cobarde, no vales para nada”. No quedan más que atisbos de rabia, casi toda la energía ha mutado en resignación, y esto le ahoga de nuevo “¿Por qué?”. La mirada se apaga, el llanto se relaja, y observa sus manos enrojecidas “No son mis manos”, después sus piernas temblorosas “No son mis piernas”, y por último, su rostro quebrado “¿Estás ahí? ¡Dime! ¿¡Estás ahí!?”. Se busca en los ojos de su imagen reflejada, pero no hay nada, y entonces lo entiende: “Te has convertido en uno de ellos. Te has dejado marchar.” La resignación se agita, incómoda, algo le hace arder “No, me siento, vaya si me siento, soy yo quien se derrama buscando una salida, no esos ojos de plástico”.  Miles de recuerdos le invaden, viejos sueños que habían sido desterrados reclaman, con las pocas fuerzas que les quedan, la justicia que se les prometió. El vacío se asusta, está perdiendo a su presa y se revuelve furioso con sus garras afiladas “Mira donde te llevaron esos sueños, ¿Quieres pasar por lo mismo otra vez?”. Él duda, quiere abandonarse y dejar de luchar, tal vez si lo hace consiga estar en paz algún día. Pero los sueños gritan, es ahora o nunca, no quieren morir. Él los oye, los comprende, y los abraza… siente su calor, un calor que había perdido. Le llenan de determinación, es lo que hacen los sueños, su único y exclusivo poder. Tal vez le estén engañando, pero eso no puede saberlo si no los escucha. La respiración se calma, su rostro se relaja y ofrece una nueva imagen, más parecida a aquella que él recordaba “Te veo, cabrón, te veo. Cuánto tiempo, vamos, sal de ahí.”

He decidido poner sus palabras en cursiva para que el texto sea menos confuso, por lo demás no tengo mucho que añadir sobre esta parte, ahora veremos en qué manera ponemos a nuestro hombrecillo a actuar esta vez :)

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