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jueves, 15 de diciembre de 2016

Borrador: Otro día más

Hola!!! Estos días he estado ocupado transformando la segunda parte de "acción" en un relato independiente para otro proyecto, así que os traigo un nuevo borrador ya que no tengo material nuevo, pero tampoco quiero perder la buena costumbre que había cogido últimamente de ir subiendo más textos.

En este caso, es otro de los primeros relatos que nunca publiqué en ningún sitio, está completamente "virgen" por lo que podréis apreciar multitud de errores; destacaría en lo negativo esa costumbre que tenía de intentar explicar hasta lo más evidente, la simplicidad al construir diálogos, y la ligereza con que pasaba de unas ideas a otras sin profundizar lo más mínimo. Para decir también algo bueno, reconoceré que hasta sonreí al leer un juego de palabras muy tontito pero que me gustó, y que anticipaba esa fijación extraña que tengo a veces con hacer algunos juegos de palabras que en la mayoría de ocasiones solo entiendo yo xD. Aquí os lo dejo:

Otro día más

Veamos qué nos depara hoy. Apuesto a que lo mismo que ayer, o que mañana. Hace tanto tiempo que no distingo los días entre sí… son todos iguales. La misma gente, los mismos lugares, y las mismas mentiras.
Debo hacer la compra diaria. Si pudiera, prescindiría de esta maldita costumbre de comer. Cada día la misma tienda, a la misma hora, con la misma dependienta y los mismos clientes. Entro y están hablando de alguien; al salir, hablarán de mí. No entiendo cómo, porque  no me conocen, pero sé que lo harán. Llega mi turno, es hora de vestir una educada sonrisa.
―Buenos días, ¿Qué desea?
―Buenos días, lo de siempre por favor.
―Aquí tiene.
―Muy bien, gracias. Hasta mañana.
―Gracias a usted, que tenga un buen día.
¿Un buen día? Y una mierda. Si yo tuviera un buen día tú no tendrías nada malo que decir de mí.
Hora de comer. Sufro una enfermedad renal, por lo que debo seguir una dieta si no quiero padecer de no sé qué males. Tengo un papelito en el que se especifica claramente mi menú, completamente ajeno a mi apetito. Si me dieran otro papel en que ponga a que horas debo ir al baño, ya no necesitaría pensar para nada. Y tras una comida que no quiero, nada mejor que ir a un trabajo que detesto, para no romper la armoniosa rutina.
Ya estoy en la oficina, cada día la misma oficina, los mismos compañeros, el mismo trabajo. Ahí está Miguel, con su ensayada sonrisa de autocomplacencia, como si él fuera más importante que la mesa en la que escribe, ¿Qué le hará sentirse por encima de los demás? Es la misma mierda que yo y que todos los que trabajamos aquí, pero no lo sabe, no se da cuenta. Debe ser eso lo que le hace sentirse mejor. O quizás sí lo sepa, y solo finja, como yo. Tal vez todos estemos fingiendo, por miedo, por costumbre, o porque no sabemos hacer otra cosa. En fin, aquí viene, comienza la función.
―Buenas tardes Arturo, ¿Cómo estás?
―Muy bien, gracias. ¿Y tú?
―Deseando terminar con ese asunto de la familia Hernández, no paran de llamar todo el tiempo para exigir que todo se resuelva de forma favorable, deben creer que son nuestros únicos clientes.
―Bueno, al final quedarán satisfechos con tu trabajo, como siempre.
―Seguro que sí, pero ¡Por Dios! Qué pesados son.
―Nos vemos luego Miguel.
―Hasta luego Arturo.
¿Era yo el imbécil que hablaba? Me detesto. Recuerdo la conversación y siento como si fuera otra persona la que ha hablado, no he pensado ni por un instante, simplemente he dicho lo que se supone que tenía que decir, de forma mecánica. Del mismo modo que al tropezar con algo extiendo los brazos para agarrarme a lo que sea, así hablo con las personas. Y ahora a trabajar, papeles y más papeles. Personas y papeles. Personas que no conozco y papeles que no entiendo. Papeles que no conozco y personas que no entiendo. Pasonas y Perleles.
Casi he terminado, el jefe debería haber pasado ya  por aquí para comprobar que “Va todo bien” como él no se cansa de repetir. Por ahí viene, con su traje perfecto. Tiene varios trajes, al menos uno para cada día, y todos iguales. Algunos días cambia la corbata, y en lugar de la negra de siempre trae una gris o marrón; esos días se le nota más incómodo, como si la corbata le apretase.
―Hola Arturo, ¿Va todo bien?
―Hola Don Manuel, todo bien, no he tenido ningún problema.
―Sí señor, como debe ser. Nos vemos mañana Arturo.
―Hasta mañana Don Manuel.
Por fin en casa, pasó un día más, o puede que lo correcto sea decir un día menos. Ahora una cena que no deseo y a dormir. Cuanto odio dormir, en tan sólo un instante paso de un día que desearía no haber vivido a otro que estoy obligado a vivir… ¡Y qué será exactamente igual! 

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