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viernes, 8 de julio de 2016

Barro y fuego

Vientos cálidos de realidad asfixian el ideal frío y sereno. Cada metro avanzado es un metro perdido, un sueño profanado, y un tiempo que jamás volverá. A carreras en el laberinto, golpeando todos y cada uno de los muros como si fuera suya la culpa, mientras observan confundidos la violencia que contra ellos emplea la misma mano que los irguió; apenados, conscientes de mi derrota, sangran junto a mí.



No queda ya nada en el barro que nos forma, en la mano de quien firma, en la pasión que se conforma, ni en la vida que transforma y se autoafirma. Solo lo que siempre hubo. Solo lo que siempre habrá. Da igual cuan firme sea mi paso, en el mundo que he construido, detenerse es morir; y avanzar hasta la meta… perder.



Siento como la tierra bajo mis pies reclama su trofeo, los gusanos que la habitan visten sus mejores galas y se relamen ante el banquete prometido; pero al hombre, por ser hombre, le queda siempre una última oportunidad: Arder, arder incombustible… que aquello que en nosotros es fuego, luz, y calor, prevalezca sobre la carne torturada, se eleve por encima de los muros, y dibuje, aunque deba ser en gris ceniza, una sonrisa eterna. Y por qué no… con trazo infantil y descarado, un profundo: “Que os jodan. Podéis destruiros a vosotros, pero no a mí.”




Texto: Jorge Ramos

Ilustraciones (por orden):

Error99 https://www.flickr.com/photos/error99/

JVargas https://www.flickr.com/photos/jvargas/

J. Clemente Orozco