Etiquetas

domingo, 14 de agosto de 2016

Editorial Número 8: Siempre estaré vivo, y siempre estuve muerto

Hola a todos! En primer lugar debo disculparme porque este número va aún con más retraso de lo habitual; para los que me conocéis, sabéis que en verano llevo a cabo una serie de actividades que me tienen bastante ocupado, cuestión de prioridades... para los demás, no os importará demasiado así que para qué entrar en detalles :D A pesar de todo, el proyecto de la revista no para, y ya tengo reunido prácticamente todo el material que formará parte del número 8, dedicaré esta semana a montarlo y completar lo que falta; mientras tanto, os dejo por aquí el editorial con el que abriremos el número, por si os apetece ir echando un vistazo. Espero que os guste!


Siempre estaré vivo, y siempre estuve muerto

“Al final de este día queda lo que quedó de ayer y quedará de mañana: el ansía insaciable e innúmera de ser siempre el mismo y otro.”
Fernando Pessoa

A cada paso el camino se desvanece bajo mis pies; pero en lugar de adentrarse en el olvido, reaparece ante mis ojos… siempre más lejos. Al esfuerzo de cada paso y la efímera alegría de avanzar, le siguen innumerables horas de la más absoluta nada, el tedio de un mecánico andar por parajes de sobra conocidos (algunos los construí desde la inconsciencia… otros los imaginé y surgieron ante mí… y los más, lugares comunes para todos los hombres), y la tenue esperanza de recuperar la ESPERANZA. Una vez recorrida la distancia de nuevo, vuelta a empezar. Y la semejanza más cruel es que cada vez parece diferente. Por eso a veces es imposible no preguntarse: ¿Cuántos pasos van ya, cientos o ninguno?

Cientos, y ninguno. Si fuera matemático diría que camino en círculos… si fuera físico culparía a los engaños de la cuántica… si fuera poeta podría admirar y sufrir la belleza de la ironía que me acompaña… pero como soy yo, simplemente seguiré andando: Un pie, y luego el otro, y de nuevo el primero, y otra vez el anterior; esquivar un par de zancadillas, soltar alguna patada, e intentar hacerlo sin perder el ritmo marcial que marca la música de mi cabeza.

El arte está en conciliar el ilusorio artificio del experimento social en el que soy con vosotros, o con otros… y el vaivén de  ansiedades que me asedian cuando soy solo o casi ni soy; y todo ello sin permitir que el uno interfiera en el otro, como hermanos que se odian, o amantes sin más vínculo que la frágil carne que los une, sin poder evitar el caos al que los somete su extenuante debilidad. Con la evidente excepción, está claro, del espacio que me reservo en este “lo que sea” para que mis miedos tampoco acaben en silencios.

Y es por esto que siempre estaré vivo, en conciencia, con la fuerza y la voluntad necesarias para perseguir incansable un final que se me escapa; y siempre estuve muerto, en esencia, pues el final soy yo mismo y no me alcanzo a ver.