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martes, 17 de marzo de 2015

Remake: Delirio común

He tenido la suerte de contactar a través de una gran colaboradora con el artista lepero Paco Sánchez Cabet. De forma totalmente desinteresada, como todos aquellos que colaboráis conmigo, ha ilustrado uno de mis pequeños ensayos para el próximo número de la revista, y no puedo evitar la tentación  de subir su trabajo al blog para que podáis disfrutar de la ilustración a color. Uno de los mayores placeres que me ha concedido la escritura es poder disfrutar de la experiencia de que alguien absorba mis palabras y las transforme en una imagen capaz de representarlas y complementarlas. A continuación os dejo el texto y la imagen, espero que os guste tanto como a mí. Gracias Paco.

Delirio Común


De entre todas las enfermedades que afectan al ser humano, existe una que, por común y extendida, pasa completamente desapercibida: El incomprensible apego a una ficción que convertimos en realidad, enfocando en torno a ella buena parte de nuestras ideas políticas, nuestros sistemas de gobierno, y nuestras propias vidas. El dinero, el puto dinero.
Ni el más grande pintor de todos los tiempos, ni el mejor filósofo de la historia, ni el mayor psicólogo de entre los que han dedicado su vida a estudiar al individuo…; ninguno de ellos sería capaz de retratar al hombre en un pedazo de papel con la claridad y crudeza con la que lo hace un billete de cinco euros. Porque es eso, un pedazo de papel, y nada más. Pero un papel puede ser muchas cosas: Un sinfín de sentimientos expresados en unos versos, las ideas de una vida contenidas en unas líneas, el reflejo de un alma a través de una pintura… Pero también puede ser una cárcel; o más bien, un carcelero. La cárcel somos nosotros.
Y es que no hay mejor ejemplo de la denominada “mentalidad de manada” que la simple existencia del dinero. Miles de millones de personas haciendo cosas que detestan, con el único fin de obtener algo que ya tienen: El derecho a vivir dignamente. Pero nos han convencido de que para ello necesitamos dinero. ¿Y por qué? Porque los peores de nosotros son quienes deciden cómo ha de vivir el resto. Ellos acumulan los recursos, y los reparten a su antojo exigiendo a cambio lo único que un hombre posee realmente, que es su tiempo. Y el hombre, manso y obediente, continúa por el sendero marcado; como si el resto del campo no fuera también Tierra, y los sueños no pudieran convertirse en Vida.
Es necesario huir del juego de ilusionistas que gobierna nuestros actos, y comprender de una vez por todas que para comer no hace falta dinero, si no comida; para vestirse no es imprescindible el dinero, si no la ropa; y para refugiarse del clima no debemos ocultarnos bajo un fajo de billetes, si no bajo un techo. Nosotros debemos decidir cómo obtenemos todos esos recursos que provienen de la Tierra, la cual nos pertenece a todos por igual, pues nadie nace siendo más que otros, por mucho papel pintado de colores que sea capaz de reunir.


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