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domingo, 7 de mayo de 2017

Rosa la Bella

Aquí os dejo otro juego de creatividad. En este caso, consistía en coger el primer párrafo de una novela, copiarlo tal cual, y continuarlo haciendo un relatito corto que no tenga nada que ver con la novela original.

La novela escogida fue "La casa de los espíritus" de Isabel Allende, y salió lo que os dejo a continuación:


Rosa la Bella



Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes, y más tarde, cuando se quedó muda, escribir también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para sobrevivir a mi propio espanto.

Al parecer, el tal Barrabás era un reconocido ventrílocuo, cuya fama había llegado a la costa meses antes que él. En el pueblo, alejado de las distracciones del gran mundo, esperaban su llegada con mucha expectación, pues decían que sus muñecos no eran tales, sino antiguos dioses dominados por la mano de Barrabás, quien conocía las magias nuevas y viejas. El día que llegó, escribía Clara, todos fuimos corriendo a recibirlo, y pensaba que no se podía correr más rápido; hasta que poco después, le vi correr a él.

El espectáculo comenzó con fuegos artificiales de colores y sonidos extraños, pero esos trucos ya los conocíamos, y a nadie sorprendió. Empezó a sacar muñecos, ¡¡ y nos llamó poderosamente la atención su enorme torpeza!! Todo el pueblo se reía, excepto cuando hacía chistes, momento que aprovechábamos para abuchearle. Entonces algo cambió en la mirada de Barrabás (la letra de Clara se volvía temblorosa en estas líneas), “si eso es lo que queréis, os daré lo que habéis venido a ver”, dijo el ventrilocuo, y sacó una muñeca preciosa, “Esta es Rosa la Bella” gritó, mientras la muñeca caminaba sola por el escenario cantando y haciendo muecas. Todos nos quedamos maravillados, y nos olvidamos de Barrabás. Mientras Rosa se movía, nos dejaba como hipnotizados, viendo sus sensuales movimientos y escuchando su angelical voz. Un grito nos despertó a todos del letargo, era mi madre corriendo hacia mí. Yo intenté gritar pero no pude. 

Lo último que recuerdo, antes de desmayarme, es a Barrabás corriendo con mi lengua cortada en su mano, y gritando: “Abuchear a los hombres es gratis, pero adorar a los dioses, exige un sacrificio”.

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