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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Gente de mentira

Las ideas son rencorosas, acusan por siempre al traidor; sobre todo, las erróneas.

Ocurre como con la gente: Cuanto más equivocados, más seguros de sí mismos; cuanto más débiles, más exigentes; cuanto peores son, mejores quieren parecer. He aquí la razón principal de la deriva social: La gente es de mentira, sus ideas no son suyas.

En una época en que confundimos información con sabiduría, hipocresía con educación, y política con moral… hemos asesinado dioses y reyes para someternos voluntariamente al autoengaño inducido por el ego, el mecánico avanzar por la vida con el esfuerzo ajeno, y la calidez de la libertad en oferta por liquidación.

Y es así como se construyen miles de millones de vidas llenas de nada: Fomentando la simpleza que se disfraza de excepcionalidad por imitación. Y así, en donde la gente importa un poco porque es necesaria para que la rueda gire, la gente está contenta. Y así, en donde no, que mueran llorando. Y así el Sol se esconde, y así la Luna brilla, y así pasa otro día sin que nada cambie. Y así trescientas sesenta y cinco veces al año,  y así cien años por siglo, y así diez siglos por milenio… Y así, eternamente repetido, es como ha sido desde que el hombre es hombre, si es que alguna vez lo fue.

Y resulta, entonces, que no es un problema de nuestra sociedad, ni de nuestra gente, ni de nuestra cultura. Es un problema de nuestra naturaleza  imperfecta, y de la incapacidad por esforzarnos en cambiarla. Es una idea que nos acusa.







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